Muy feliz #13S para todos. Y todas.

13SAcabo de inaugurar mi nuevo espacio de opinión, uno más personal y menos “anti” que mi anterior blog de activismo: Argentina Contra K, con éste artículo que sin dudas está cargado de simbolismo. Al menos para mí.

Hoy se cumple un año de la primera gran marcha ciudadana auto-convocada en Argentina, desde las redes sociales. La marcha del 13 de septiembre, la marcha del “BASTA” como la llamamos en su momento, o el #13S como se termino autodefiniendo con el correr de las semanas de convocatoria, y que dio lugar después a que las siguientes marchas, incluso fechas impuestas por el Gobierno como el fracasado #7D, se definieran simbólicamente sólo con números y letras.

Demasiada agua corrió por debajo del puente. Muchos amigos, otra tanta cantidad de enemigos, muchas peleas, celos, discusiones sin sentidos, conspiraciones internas, grupos secretos, mesas chicas, mesas ratonas, mesas de luz, etc, permitieron que hoy, un año después, podamos unir los puntos hacia atrás, y evaluar aquellos hechos que si bien aún permanecen frescos en el imaginario colectivo como actuales, si lo evaluamos en cuanto a la cantidad de hechos políticos que generó, la impresión parece totalmente diferente, generando la sensación, de que pasó mucho más que 365 días.

La marcha del odio, la de la clase media, la marcha de los bien vestidos, de los que no pisan el pasto, la marcha de barrio norte, la de los dólares, la de los gorilas y cipayos, la marcha de un sin fin de descalificativos que desde un “poderoso” Gobierno que pretendía ir por todo, se ensañaban en despreciar a un sin número de ciudadanos indignados, que salían a lo largo y ancho del país, a pedir que se respetara la Constitución Nacional, las instituciones y la República. Que se atendieran las demandas crecientes de una sociedad ninguneada, responsabilidades que les correspondían, por el sólo, y suficiente hecho de haber sido elegidos por el 54% de los argentinos. Porcentaje que hoy, un año después, ha quedado en el olvido. Incluso, para quienes en su momento les confiaron su voto.

¿Para que sirven las marchas? Nos preguntaban en su momento algunos periodistas. ¿No creen que un Gobierno elegido democráticamente por amplia mayoría de los argentinos, tiene derecho hacer lo que quiera? Insinuaban prejuiciosamente otros. ¿Por qué no esperan a las urnas del 2013 para expresarse mediante el voto, y dejan gobernar en paz? Formen un partido, y ganen las elecciones; urna mata cacerola; esos son los mismos que en los setenta, golpeaban las puertas de los cuarteles; se escuchaba desde otros sectores del ciberespacio, ocupado por activistas rentados por el oficialismo. O peor aún, muchos de ellos lo repetían convencidos, y sin recibir más nada a cambio que el sólo hecho de hacerle “el aguante a Cristina”, a la morocha, a esa mujer que desde un escenario de Rosario, les aseguraba promesas como el: “Vamos por todo”.

Trescientos sesenta y cinco días, un año. Parece mentira que aquella tarde, la tradicional esquina de Capital Federal, Callao y Santa Fe, empezara a colmarse de carteles caseros, de banderas celestes y blancas, de ciudadanos indignados, de familias con chicos, de estudiantes, de caras desconocidas que se miraban a los ojos y entendían que estaban por lo mismo. Que a diferencia del 2001, esta vez nadie estaba pidiendo que se vayan todos, todo lo contrario, pedían que se hiciesen cargo de los reclamos ciudadanos, ya que para eso habían sido votados. Reclamos que muchos funcionarios buscaban hacerlos pasar por “sensaciones”, de inseguridad, de inflación, de violaciones a las libertades individuales, de libertad de expresión, etc.

Un año a pasado, y el país parece ser otro. Están todos los mismos, nadie se fue, nadie renunció, nadie dejó su cargo. Son los mismos los que gobiernan, pero esta vez sin fuerzas, sin respaldo del “voto popular”, con menos cómplices dentro del Gobierno, y otro tanto menos fuera de este. La “amplia mayoría” de electores, ahora se ha transformado en un pequeño núcleo duro en acelerada disminución. Muchos funcionarios han empezado a pactar su migración al “nuevo peronismo” ahora llamado Frente Renovador. Otros políticos aseguran nunca haber sido kirchneristas, en todo caso, sólo peronistas. Sea como se la quiera titular a esta etapa, la mejor definición que le queda es la de #FinDeCiclo.

Las protestas en Argentina, convocadas desde las redes sociales, si bien empezaron en el mes de mayo pasado, tomaron importante apoyo popular a partir del 13 de septiembre. Esas manifestaciones no fueron simples muestras de descontento ciudadano, sino, un cambio de paradigma social. Fue la primera vez que la ciudadanía entendía que podía organizarse y ser ellos mismos artífices de su propio destino. Esas protestas fueron más allá de la defensa de la justicia y la República. Era la materialización de la evolución del compromiso ciudadano, que llegaba para instalarse por primera vez, y de una vez por toda. Desde el #13S ya nada podrá ser igual.

Argentina había despertado. El cambio de consciencia fue entender que el verdadero cambio estaba en nuestras manos, a un sólo click de distancia. La solución ya no vendría de la mano de mesías salvadores, ni estaría en manos del arco opositor. Repito: estaba en nuestras manos. Y en todo caso, eran éstos últimos quienes debían sumarse a nuestros reclamos, quitando del camino todas las posibilidades de que cualquiera de ellos pudiera ponerse al frente del movimiento. Si se sumaban, eran uno más del montón, ningún lugar preferencial para nadie, todos a la fila.

El 13 de septiembre del 2012, salimos a las calles con los colores celeste y blanco, con los colores de nuestra bandera nacional, defendiendo un legado que nuestros padres,  abuelos y próceres nos habían dejado. Salimos con un espíritu revolucionario, pero ya no de armas tomar, sino de paz, de resistencia, y de convicción. Sabíamos que estábamos en el camino correcto, y por nada del mundo detendríamos la marcha hasta hacer cumplir nuestros objetivos, que se respete la Constitución Nacional, que se respete la República, la libertad en todas sus formas, y las instituciones todas.

Somos una nueva generación de ciudadanos. Una generación que ya no persigue culpables en nuestro pasado, que ya no le interesa la discordia y los enfrentamientos ridículos; somos la generación que anhela encontrar los puntos en común que nos vuelvan a unir en el porvenir. Comprendimos que no es de la mezcla entre el negro y el blanco que surge el gris, sino que de la falta de consistencia del gris surgen los extremos, el negro y el blanco. Entendemos que ninguna ideología es perfecta, que todos, desde sus propias perspectivas, tienen algo que aportar, y que un país mejor es posible sólo si cada uno de nosotros es protagonista. Esto somos; esto es la red. Allí cada eslabón de la cadena es tan importante como el otro; sin el primero no existe el último. El 13 de septiembre del 2012, salimos a la calle a pedir que se respeten nuestro lugar de ciudadanos. De ciudadanos iguales y anónimos que no esperamos nada a cambio, sólo un país mejor.

@LuchoBugallo

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. pamela dice:

    Sinceramente moría de ganas por estar ese día en Capital, yo vivo en Florencio Varela ultra k, no salió nadie, en las otras marchas apenas 100 personas estuvimos en la plaza principal….todo el mundo tocaba bocina, colectivos, autos…yo no creía que fuera posible lo que pasó en la ultima votación de las PASO, indudablemente se les cayó la fiesta en la cara. Hoy hablando con la verdulera de mi barrio, que es boliviana, me comentó que está pensando seriamente volverse a su país, ya que allá se vive mejor que acá últimamente sea por los precios, la inseguridad o lo poco que te alcanza el sueldo para vivir…siempre los latinoamericanos consideraban a este país como el paraíso para progresar y vivir bien, lo que me comentó esta verdulera me hace pensar que nos estamos cayendo del podio y todos sabemos gracias a quien.

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